domingo, 3 de febrero de 2019


LIDERAZGO NO ES "TENER CARISMA" 

(o cómo ir del paraíso al infierno en el mismo trayecto)


Carisma es la capacidad de atracción basada en el “magnetismo personal”
Expresado así vendría a ser una especie de “don” innato. 

Diversos estudios sobre el tema han llegado incluso a identificar ciertos componentes del carisma (apertura hacia los demás, buena oratoria, sintonía emocional, etc.)

Resultado de imagen de michelle obamaPor poner algunos ejemplos de sobra conocidos, podemos mencionar a Nelson Mandela, 
Michael Jordan, Teresa de Calcuta, John Lennon, Michelle Obama, Malala Yousafzai…

Llegados a este punto queda claro que una persona con carisma tiene una gran influencia sobre los demás, en base a ese magnetismo personal. De alguna manera vendría a ser (con algunos matices) lo que en otros ámbitos de llama “liderazgo natural”

La cuestión es si para ejercer el liderazgo es imprescindible el carisma.
La respuesta es “No”; y ahora maticemos.

Liderar es inspirar, es motivar, es guiar, es generar un deseo de conseguir algo, de ir hacia una meta determinada.

Liderar es obtener del grupo o personas lideradas la autoridad para marcar un camino, para tomar decisiones, para designar roles.

En definitiva, liderar es tener influencia y ascendencia sobre los demás. 
Eso puede darse porque el grupo te reconoce unos valores positivos, un conocimiento experto, una confiabilidad personal o por el carisma.
Por lo tanto, el carisma añade, facilita, pero no es ni imprescindible ni necesario para ejercer el liderazgo.

No obstante vemos a nuestro alrededor personas en posiciones y puestos de liderazgo que tienen mucho carisma, mucho magnetismo personal, y que ejercen un liderazgo político, empresarial, social, religioso, artístico, etc.
Cuando eso ocurre se produce un movimiento masivo (de masas); parece que las voluntades, de repente, de han puesto todas en línea dispuestas a seguir los dictados de esas personas. (Algo así como el Flautista de Hamelin)

Photo by Kyle Smith on Unsplash
Y eso está bien si no fuera porque, recordemos, se trata de “magnetismo personal”, no de inspiración de unos valores, proyectos, metas o aspiraciones. Y si coincide la “persona” con el “objetivo” tendremos una gran ventaja, pero no siempre es así y, de serlo, no es eterno.



¿Qué ocurre cuando una persona con mucho carisma al frente de una organización decide abandonarla o desaparece?

Pues sencillamente que durante mucho tiempo (años incluso) esta organización está descabezada, funciona como “pollo sin cabeza”, se generan luchas de poder, facciones, se instala el miedo y la parálisis colectiva y todo aquello que un día fue un paraíso, ahora está convertido en un infierno (del cual no siempre se sale, dicho sea de paso)

He trabajado para cientos de empresas en las que su CEO, o fundador tenía un carisma brutal, una personalidad arrolladora, y que había no sólo levantado una empresa sino reunido a su alrededor los mejores talentos posibles, casi sin querer; sólo por el mero hecho de ser como era.

En estas empresas suelo colaborar para ayudar a sus relevos y alinear equipos de dirección. Y, una y otra vez, me he encontrado con muchas dificultades. 

Cuando una organización está liderada por una persona con mucho carisma hay más amenazas que oportunidades de éxito.

¿Amenazas?
Sí, porque el carisma no “trasciende”, no pasa a la siguiente generación de personas que asumirán los relevos, termina en cuanto termina su tiempo.

Por este motivo, si tú que me estás leyendo te reconoces en esta situación (bien sea como persona emprendedora o si vas a asumir un relevo) te sugiero que te pongas manos a la obra en algunos aspectos:

  • -   Crea un propósito para tu empresa u organización, que sea inclusivo, que sea inspirador, por el que merezca la pena levantarse cada mañana.
  • -   Difunde tus valores, los que han hecho de tu empresa la que es hoy en día. No lo des por sentado. Cuando tú te vayas o ya no estés, cada cual se acordará de ti a su manera, pero difícilmente sabrán identificar esos valores que les hicieron grandes.
  • -  Reconoce qué parte de lo que consigues es debido a tu carisma y a tu posición en la empresa (potestad). No le des más valor del que tiene porque, de verdad, es sólo accesorio. Deja tu carisma siempre un paso por detrás.
  • -  Crea nuevos líderes en base a ese propósito y valores, ayuda a que inspiren al resto de la organización, a que consigan también nuevos líderes.
  • -  Genera en tu empresa la capacidad y las ganas de trascender, de ser un buen legado para generaciones venideras.

Si te pones a ello, evitarás muchas guerras, muchas desilusiones, muchos miedos y seguramente tu empresa perdurará más allá de tu carisma. 
Ése será tu mejor legado.


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