martes, 17 de julio de 2018


NUNCA DEBIMOS CRUZAR EL MISSISSIPPI

Back to basics” es la frase que más oigo en ponencias y más leo en artículos referidos a las personas en las organizaciones.

Quizá ya nos hemos dado cuenta de que una empresa sin personas es un edificio vacío. (Y que personas sin edificios pueden ser una empresa)

Que una cosa son las teorías, los libros y clases de escuelas de negocios y universidades, y otra muy distinta es la vida cotidiana, la vida real.

Que cuando lo que aprendes en esos sitios y lo aplicas a tu empresa, no acaba de funcionar, no es culpa de la gente, de tu gente, de tus empleados (ni siquiera tuya)

Que no puedes definir a una persona a través de sesiones maratonianas de tests psicotécnicos.

Que cuando se habla de liderazgo te pones en evidencia, porque liderazgo eres tú y punto; y lo que tú hagas es el ejemplo que seguirán tus empleados.

Que la inteligencia emocional está bien, de hecho está muy bien, pero quien debe aplicársela primero eres tú.

Que las métricas te ayudan a llevar el control de lo que haces, y mejorarlo (o empeorarlo, según se mire)

Que la multitud de herramientas que tenemos a disposición son sólo eso, herramientas y no soluciones.

Que al final lo que cuenta son las personas que llevan a cabo el trabajo diario; todas las personas, desde los cuellos blancos a los cuellos azules, de los digitales a los analógicos, de los becarios a los prejubilados, de los extrovertidos a los introspectivos.

Que sin todas estas personas, igual no tendrías la empresa que tienes.

Y que por eso, cuando pensamos en esa área o departamento que ya no sabemos ni cómo llamar (Recursos Humanos, Personas, People…) deberíamos tener claro deben estar al servicio de las personas que consiguen los resultados de la empresa; es decir, todas las personas.

A partir de ahí, y teniendo el foco puesto en ellas debemos conocerlas, reconocerlas, escucharlas, hacerles partícipes y protagonistas, y co-responsables de su propio desarrollo.

Y es aquí donde entra esa (vieja) nueva visión de recursos humanos. 

Volvamos al inicio, a lo básico y fundamental. Estamos hablando de personas con inquietudes, aspiraciones, miedos, capacidades evidentes y quizá talento oculto, necesidades. Y también estamos hablando de empresas con aspiraciones, inquietudes, miedos, fortalezas evidentes y potencial por desarrollar, necesidades.

La apuesta de cualquier profesional del área de Personas, debe ser precisamente unir todos esos puntos y crear el mejor espacio y ecosistema posible para que vayan de la mano y se realimenten unos con otros.  Esa es la esencia, esa es nuestra razón de ser.

Hoy en día los estudios y encuestas lo demuestran; las personas se van de las empresas por tener malos jefes y por sentirse un “recurso” más.

Dar la vuelta a esta situación implica estar en el terreno de juego, saber de primera mano lo que ocurre, cómo ocurre y por qué ocurre. Estar al lado de las personas, ni por encima ni delante. Y hacer cosas, y probar, y equivocarse, y corregir y volver a probar.

Sólo desde el interés auténtico y sincero por las personas, se puede ejercer esta profesión. Todo lo demás es haber cruzado el Mississippi.



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