domingo, 16 de julio de 2017

Conciliación familiar y laboral: un error desde el principio

Conciliar la vida laboral y familiar

Empiezo por comentar que el término no me parece de lo más afortunado, máxime si tenemos en cuenta la definición que nos aporta la Real Academia de la Lengua Española, acerca del término “conciliar”

En sus dos primeras acepciones dice así:
1.- Componer y ajustar los ánimos de quienes estaban opuestos entre sí.
2.- Conformar dos o más proposiciones o doctrinas al parecer contrarias.

Al margen de la semántica, que no es el propósito, en lo que debemos reflexionar es en el concepto mental que usamos cuando empleamos el término, y las soluciones o ideas que aportamos.

Empecemos por la cuestión de género: Suele hablarse de conciliación de vida laboral y familiar mayormente entre las mujeres, debido al hábito de que son ellas las que asumen el buen gobierno de sus familias.
En mi opinión, ahí está el primer error.
La conciliación de la vida familiar y laboral, debe ser para todas las personas que precisen de una forma de entender la vida laboral de tal modo que les permita desarrollarse en ambos ámbitos.  Ahí quizá podríamos ampliar el concepto y hablar de conciliación de la vida privada y la vida laboral. ¿Una persona que practique deporte de forma federada, acaso no tiene también derecho a conciliar su vida laboral y privada?

En segundo lugar (y segundo error), en una gran mayoría de ocasiones en las que me he encontrado, esta conciliación suele circunscribirse a la flexibilidad horaria, supeditada a unos horarios escolares más o menos comunes. Así encontramos horarios de entrada y salida del trabajo con un margen de una o dos horas, a cambio de que se reduzcan las pausas del desayuno o almuerzo (en el mejor de los casos) o a cambio de una reducción salarial (en otros casos) y con las consiguientes repercusiones que eso tiene en esa vida laboral. 

Difícilmente una persona que llegue a conciliar bajo los criterios anteriormente mencionados será propuesta para una promoción profesional o para retos de mayor calado, ateniendo a “la imposibilidad de esa conciliación”

Así las cosas, la vida laboral quedará reducida a una mera fuente de ingresos que debemos mantener para vivir,  con el consecuente riesgo de desmotivación (especialmente intrínseca) y con una profesión transformada en mera transacción; tantas horas (o tanta dedicación) a tanto precio.

En mi opinión, deberíamos empezar a plantearnos modelos de relación laboral realmente novedosos en su conjunto, con amplitud de miras y que sólo sean refrendados por los propios interesados (a fin de cuentas, ¿a quién más le debe interesar?)

“Harmony” by Sonny Abesamis is licensed under CC BY 2.0
Así pues, mientras que para algunos la flexibilidad horaria puede ser suficiente, para otros quizá sería más adecuado disponer de alguna jornada libre durante la semana, o incrementar sus días de vacaciones para ajustarlos a un calendario escolar, o combinar trabajo presencial con teletrabajo, o combinar un contrato laboral (a tiempo parcial) con un contrato mercantil, por poner un ejemplo.

Por otra parte, las empresas pueden plantearse cambiar los modelos retributivos, (por lo general centrados en la presencia) y orientarlos a objetivos, logros, o minutas.

Si bien todo lo anterior puede aplicarse desde el ámbito de la retribución flexible, quizá también sea necesario plantearlo desde la conciliación.

Toda esta reflexión viene a cuento de que, en la medida en que las personas puedan combinar o armonizar (que no conciliar) su vida privada con la vida laboral, conseguiremos personas mucho más motivadas, empresas más eficaces y eficientes, y resultados mucho mejores para todas las partes.


Si bien es una tarea laboriosa, la tecnología y una firme voluntad de que así sea, pueden ayudar a conseguirlo. Nada llegará a menos que cada cuál se atreva a empezar.

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